Por Yolanda Arroyo Pizarro, escritora

Especial para Otros20pesos.com
Hace unos años, mientras me encontraba realizando el research para un libro, discutía con otra amiga escritora un asunto que me preocupaba una enormidad. Le pregunté a mi amiga cómo ella abordaba el dilema de llegar o no al orgasmo en una relación.   
Le cuestioné si se atrevía a decirle a la pareja que ella no había concluido, o que no se había excitado lo suficiente, o ese tipo de cosas que se nos hace tan difícil expresar por vergüenza o miedo a la reacción, la propia y la de nuestra compañera. O sea, ¿qué pasaba si no se venía?
Mi amiga me compartió algo que cambió mi vida para siempre.  Agradecí infinitamente el consejo, el haberme topado con ella y sobre todo, haber tenido ese diálogo tan temprano en mi existencia pues conozco gente incluso mayor que yo, que va por el mundo aún con ese predicamento a cuestas. Gente desgastada, que se amarga, que se deprime, que se hace la vida cuadritos y se la hace a otros.
Lo que mi amiga me dijo fue: “¿No crees que el orgasmo es demasiado esencial, imperioso y vital, como para dejarle esa responsabilidad a otra persona que no seas tú?”
Me quedé muda. Ante mí se abría un portal cargado de epifanías.  Fue esa sabia lección la que me enseñó que yo era la responsable final de mis orgasmos.  Que yo tenía derecho a exigirlos con amor y enseñarlos con paciencia.  En ese momento descubrí que era correcto abrazarse a la pareja, luego de un compartir íntimo en el que yo no hubiera concluido, para continuar el viaje.  Así, frente a ella, junto a ella. 
Aprendí que aquello era una invitación acertada para que la otra persona te observara y aprendiera a conocerte. Al fin y al cabo, esas zonas erógenas únicamente a ti te pertenecen porque han nacido y se han criado contigo. Sería iluso esperar que alguien fuera de ti supiera sobre ellas.  Iluso e injusto, sobre todo si después se exige de tu compañera no haber logrado algo que solamente es inherente a tu sentido del tacto y lo sensorial. Cada ser humano es distinto. ¿Quién mejor que tú para mostrarle? 
A partir de ahí, aprendí a invitar. ¿Puedo tener un orgasmo contigo?, ¿puedo tener un orgasmo junto a ti?, ¿te agradaría acompañarme u observar cómo tengo un orgasmo?  Al final, muy probablemente terminan excitándose mutuamente, haciendo crecer ese acto inaugural.  Me convencí que no es vergonzoso y que incluso la otra persona lo agradece.  Es un momento de comunión corporal que une mucho más a la pareja, eso de saber que se tiene un entorno vitalicio para tener orgasmos “asegurados”.  La garantía de que siempre vas a alcanzarlos (porque dependen de ti y de nadie más), es el sentimiento más plácido y la certeza más deleitable que se pueda experimentar.  Poner en práctica una intimidad tan saludable y de la cual te sientas total y absoluta dueña es maravilloso.
Cuéntanos ¿Tú serias capaz de apoderarte de tus orgasmos?
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Los escritos de Yolanda Arroyo Pizarro pueden leerse en su blog Boreales en http://narrativadeyolanda.blogspot.com/ 


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Meryland Cuevas, is an Award-winning Latina Influencer, Content Creator, Brand Ambassador & Social Media Strategist. She is also a Certified Transformational & Assertiveness Coach, Public Speaker and Author. Let’s connect on Social Media, I promise you will always get good stuff from me.

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