Por G-sus Miguel Colón

para otros20pesos

En muchas ocasiones me he encontrado con el tipo de situación donde las personas se transforman. Como mi pasado ensayo (¿Un clavo saca otro clavo?) hablé del ambiente homosexual, pero no creo que las personas en general dejen de estar expuesta a esta situación. 
Muchas veces nos hemos dicho: He dejado de ser yo. ¿Cuantas veces hemos estado en una relación, donde postergamos nuestras metas y nuestros sueños por complacer a ese otro? ¿Cuantas veces haz tenido que soportar su viejo habito de infidelidad? ¿Y que me dirías de sus celos enfermizos? Podría decirte, que si piensas en que: “Él va a cambiar…”  creo que te estas equivocando, en todo caso el que terminaría cambiando serias tú.

Tengo un amigo que en este momento llamaré “Pedro”, él me llamaba siempre para contarme “pestes” de su suegra y de la familia de su pareja y de su hábito en seguir apegado a ellos. Me contaba que su suegra estaba loca, que no aceptaba la homosexualidad  de su pareja y que aun así, su pareja  se pasaba detrás de ella. Muchas veces le dije a Pedro que en realidad las familias tienen cierto código de  entendimiento; Es como si ellos se hablaran en chino, pero aun así se entienden.  Él pretendía que su pareja dejase de estar con su familia para estar con él. Siempre le dije que la sangre iba a pesar más que cualquier “canto” que él le pudiese dar a su pareja y que él tenía que ser tolerante en este tipo de situación tan divisoria.
 Motivar a otros a un cambio, no funciona si esa persona no quiere cambiar, y pensándolo mejor: ¿Es Pedro la persona indicada para requerir un cambio de esa magnitud? Como dicen por ahí, puedes llevar el caballo al río, pero no lo puedes obligar a beber. Siempre he sido muy sincero con mi amigo y le hecho entender que se encuentra en un gran error, espero que algún día recapacite.
Tengo otro amigo que recientemente se había envuelto en una relación que se volvió un eterno secreto, porque su pareja había sido pareja de un amigo mutuo. Él se quejaba de tener que ocultar su relación en una habitación, pese a que todo el mundo supiese que el es gay. Darse besitos a escondidas, tener relaciones íntimas a escondidas como si él  fuese un “chillo”, no creo que estos eran los planes de mi amigo. 
¿Cuantas veces, por estar en una relación dejamos de hacer las cosas que nos gustan? ¿Será saludable ceder parte de nosotros por complacer los caprichos de esas personas? Podríamos empeorar el cuadro: ¿Y si ese otro no quiere ceder como lo haces tú? No se puede estar en una relación, donde uno se sienta confinado, donde uno no se pueda expresar como uno debe. Creo que muchas veces nosotros nos enredamos en este tipo de situaciones complicadas por amor, es de gran importancia y de sabia madurez establecer metas y saber cuales son nuestras prioridades.
Hablando  sobre prioridades, comentaré sobre otra historia, donde este tema afecta la sexualidad: ¿Que me dirían, si llegasen del trabajo luego de laborar por doce horas y  cuando entras por la puerta de tu casa te encuentras a tu macho con el látigo y la botella de lubricante en las manos y todos los días por complacer a su pareja para evitar “el arroz con trompa” tuvieses que envolverte en relaciones sexuales? 
Hasta que punto por el amor somos tolerantes y hasta llegamos a acceder a deseos ajenos sin que este tipo de cosas se encuentren en nuestras prioridades. Inclusive ya el sexo se ve enajenado de sus características habituales y se vuelve una tortura en vez de ser algo placentero.  Entonces vamos creando una grieta en nuestra relación, la confianza se va perdiendo e incluso esto puede llegar a alterar nuestra autoestima.   
 Como uno nunca está exento de este tipo de situaciones donde la gente quiere hacer una copia de sí mismos, contaré una historia personal: conocí a un muchacho que parecía ser el indicado, inteligente, maduro etc.  Había un gran problema, no es secreto que tengo 22 años, pero a mi edad soy bastante maduro, el chico me llevaba fácilmente 11 años. Él tenía una vida recorrida y un historial de cuernos que ni les cuento. 
Debido a mi edad, el me había encasillado en mi turbulenta generación, siendo solo mi amigo comenzó a rebuscar dentro de mi perfil cibernético, buscaba en mis fotos, comenzó a cuestionarme sobre comentarios de bastante antigüedad. Acto seguido comenzó a cuestionar mis gustos musicales, me di cuenta en ese momento que ese chico quería controlar mi vida y no se lo permití, terminamos dejando de hablarnos porque el no me aceptó como soy.  
Una de mis frases para el fue: “¿Como quieres una rosa y no quieres las espinas?”  Y su respuesta fue: “Yo se las quito para que no me lastimen.”.  Nada más con el testigo. Puedo entender su duro historial, pero no está dentro de mis responsabilidades ni las de nadie, el pagar facturas que otros dejaron embrolladas.  Este tipo de miedos, deben ser trabajados antes de estar en una relación, es muy importante para la sana convivencia.
¿Hasta que punto nosotros podemos hacer de nosotros un producto para el fácil consumo de otros? Debemos entender que hay cosas que no son de fácil negociación, que debemos amarnos y querernos tales como somos ya que no existe el hombre o mujer perfecto.  El objetivo de una relación es aceptar y aprender a tolerar muchas cosas y debemos tener claro que solo algunos  malos hábitos se pueden modificar.  
Después de todo, como dice Ricardo Arjona: “Si eres libre, ¿quien soy yo para cambiarte?”   
¿Haz tenido una relación de pareja donde te hayan llevado a cambiar tu forma de ser?  ¿Te haz sentido manipulado por tu pareja?

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