Mi primera foto del servicio a los 18 años
Por Meryland Cuevas
En el día de hoy leí una noticia que me tocó de una manera muy personal, se trata de la primera mujer abiertamente lesbiana en recibir el rango de General de Brigada y recibir su estrella de manos de su esposa en una ceremonia efectuada el pasado viernes en el Monumento a las mujeres del Cementerio Nacional de Arlington.  
 La Brig. Gen. Tammy S. Smith, quien es una veterana con 26 años de servicio militar y 49 años de edad, compartió durante la ceremonia con su esposa Tracey Hepner quien es la co-fundadora de la Coalición de Parejas y Familiares de Militares, esta organización provee apoyo, educación, recursos y aboga por las familias y las parejas de militares LGBT.  La pareja contrajo matrimonio en marzo del 2011 en el Distrito de Columbia. 
¿Por qué esta noticia me toca tanto? Me llena de mucha emoción ver de la manera en que poco a poco ha ido evolucionando el sistema militar y la manera en que el gobierno del presidente Obama ha trabajado a favor de hacerle justicia a la comunidad Militar LGBT.  Fue mi experiencia personal ser discriminada durante mi servicio militar por mi orientación sexual.  Recuerdo cuando enlisté en el ejército a los 18 años con muchas metas y muchos deseos de hacer algo diferente.  Me enorgullecía grandemente ser la primera miembro de mis familias en formar parte del cuerpo militar de los Estados Unidos.  

Enlisté en el año 1992 y durante mi entrevista con el reclutador me hicieron la pregunta sobre mi orientación sexual, específicamente “es usted homosexual o bisexual” esta pregunta era parte del cuestionario de reclutamiento, de usted contestar afirmativamente quedaría descalificado para servir al ejercito, así que todos los que deseábamos servir aún con nuestra orientación no heterosexual, teníamos que mentir en el cuestionario.  

Un año más tarde en el 1993 se establece bajo la administración de Bill Clinton  la ley del “Don’t Ask, Don’t Tell” (DADT) (No preguntes, No digas) según esta ley, ser homosexual no era prohibido en el ejercito, a menos que se manifestara abiertamente la homosexualidad, es por esto que luego de implementada la ley, se eliminó del cuestionario de reclutamiento la pregunta sobre la orientación sexual, dando la apariencia de que los enlistados no tendrían que verse en la necesidad de mentir pero si debían ocultar su homosexualidad durante todo el tiempo de servicio o se expondrían a ser expulsados del cuerpo.  

Durante mis primeros años de servicio militar, no solo tuve que luchar contra el discrimen sobre mi orientación sexual y el miedo de ser expulsada, mientras que a la misma vez  estaba explorando mi propia sexualidad y luchando contra el discrimen social y el de mi propia familia. Durante estos años de juventud  fue cuando comencé a relacionarme íntimamente con mujeres, incluso algunas de ellas también compañeras del servicio militar.  Así que no fueron años fáciles, me veía en la constante necesidad de mentir sobre mi vida y eso fue bastante perturbador emocionalmente para mí.
Muchos de mis compañeros de servicio sabían sobre mi orientación sexual y durante esos años mi apariencia física era un tanto “poco femenina” por lo tanto para algunas personas era bastante fácil asociarme con ser lesbiana, eso le daba paso a superiores con problemas de homofobia  a tratar de intimidarme e intentar sacar de mis labios una aceptación de “culpabilidad sexual” para poder disponer de mi como quisieran.   
Recuerdo cuantas veces me hicieron pasar malos ratos, vergüenzas, me amenazaron con expulsarme, me amedrentaron, me cuestionaron, me marginaron y me hicieron la vida imposible hasta más no poder, esto viniendo de algunas personas que estaban en posiciones de poder dentro de la unidad que serví en los primeros cuatro años. Sobreviví a la presión emocional y sicológica a la que me sometieron, nunca pudieron probarme nada y por eso, no me expulsaron. La fuerza mayor que me mantenía en pie era la vergüenza, esa vergüenza de pensar que dirían mis padres y mi familia si me botaban del ARMY por “pata”, después que ellos estaban tan orgullosos de mi por ser la única militar de la familia, esa vergüenza me mantuvo firme, aguantando tanta humillación.  Me sentía frustrada, hasta el punto que tuve que irme de donde estaba, prácticamente sin decirle nada a nadie. Simplemente un día decidí no regresar a ese lugar que tanto odiaba.
Estuve un periodo corto fuera del servicio y no contemplaba volver, tenía miedo y rabia por todo lo que había vivido, pero la realidad es que debía regresar al servicio y cumplir con mi contrato. Un buen día un reclutador se comunicó conmigo para hacerme acercamientos de volver, le dije que si quería regresar pero no a la misma unidad donde estaba antes.  El me ayudo a entrar a una unidad diferente y yo recomencé una vida militar nueva.
Me prometí a mi misma que no volvería a pasar por las mismas vicisitudes que la vez anterior, así que procuré lo más posible en ocultar mi orientación sexual. En esta nueva unidad las cosas fluyeron bastante mejor para mi, ya estaba en una edad más madura y con un poco más de experiencia, sabía como se “batía el cobre” por lo tanto, pude manejar mejor el disimular mi orientación sexual y no buscarme “problemas”, hasta que terminé los años de servicio de mi contrato y decidí no volver a enlistarme en el ejercito.
Mi servicio militar se extendió desde el 1992  hasta el 2001.   No fue hasta finales del año 2010 que la ley “Don’t Ask, Don’t Tell” fue revocada por el gobierno de la presente administración.  Durante el transcurso de esta ley alrededor de 13,000 miembros de las fuerzas armadas fueron expulsados del ejército por ser homosexuales.  Un total de 13,000 personas comprometidas con servir a la nación, con el deseo de hacer la diferencia, de arriesgar su vida por los ideales del gobierno, por la libertad y por muchas otras razones, personas que en muchas ocasiones eran militares de alto rango, con un largo y productivo historial de servicio, que habían llenado de orgullo no solo a sus respectivas unidades, compañeros y superiores, sino a toda la nación.  Veteranos de guerras que dieron el todo por el todo por lo que creían.  Estas personas a la hora de revelar su orientación sexual dejaron de ser héroes y se convirtieron en una vergüenza para la nación y fueron aplastados gracias al DADT.
No se pueden imaginar la alegría inmensa que sentí ese 20 de Septiembre del 2010 cuando escuché en las noticias que había sido revocada la ley, a nueve años de  haberme retirado del servicio militar. Mi alegría por todas esas lágrimas que derramé de la frustración y del miedo, por todas esas 13,000 personas que al igual que yo su dignidad y autoestima fueron aplastadas por el sistema y el gobierno que juraron servir.  Solo el pensar que desde ese día en adelante, nuevos miembros del ejercito y los que ya estaban sirviendo no tendrían que pasar por el dolor, humillación y marginación que pasé yo y miles de soldados más, me llenaron el corazón de alegría.  Ese día me llamaron de las Noticias de Univisión para hacerme una entrevista sobre mi experiencia, la cual fue de impacto para mucha gente que me conocía y no sabían sobre esa historia de mi vida.  Haber sido discriminada de tal manera me armó de valor y fuerzas para luchar por lo que creo son mis derechos y los de otros como yo, haciendo mi compromiso con mi comunidad LGBT uno verdaderamente fuerte y personal.
Ver como hoy en día, nuestros compañeros militares pueden abiertamente vivir su vida sin miedo a ser expulsados, de perder su trabajo y beneficios es de cierta manera satisfactorio.  Saber que compañeros militares puedan casarse con sus parejas del mismo sexo y compartir abiertamente en actividades del servicio militar, es algo que nueve años atrás jamás hubiésemos pensado.  Si bien es cierto que aún estamos lejos de cantar victoria ya que hay muchos beneficios que no pueden recibir estas parejas debido a que aún existe la ley del DOMA (Defense of Marriage Act) que no permite que las uniones del mismo sexo sean reconocidas como legítimas a nivel federal, esto a su vez limita grandemente muchos beneficios,  no podemos negar que el avance a favor del trato igualitario ha sido uno grande en los últimos años.
Como ex militar y veterana del ejército de los Estados Unidos, así como una victima del discrimen militar, me llena de alegría leer noticias de avance dentro de las fuerzas armadas a favor de los derechos de nuestros compañeros LGBT.  Espero que próximamente podamos también celebrar todos los ciudadanos la derogación del DOMA y el reconocimiento federal de los matrimonios del mismo sexo, para que se les haga justicia a todos los ciudadanos por igual.

Actualización: el día 9/27/2012 el programa Wapa a las 4 de WAPA tv publicó una entrevista donde hablo de mi experiencia, puede ver el video aqui: 


ACERCA DE LA AUTORA:

Meryland Cuevas Meryland Cuevas es bloguera, madre, poeta, narradora, aficionada de las redes sociales y comprometida con el activismo por la justicia social y la igualdad de los seres humanos. Amante del arte en todas sus expresiones, le encanta viajar, la fotografía y la gastronomía. Sígueme en FACEBOOK y en TWITTER
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Meryland Cuevas, is an Award-winning Latina Influencer, Content Creator, Brand Ambassador & Social Media Strategist. She is also a Certified Transformational & Assertiveness Coach, Public Speaker and Author. Let’s connect on Social Media, I promise you will always get good stuff from me.

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