Por Meryland Cuevas 

Con la decisión de poner fin a su vida y evitar el terrible deterioro que le esperaba por su enfermedad terminal, el caso de Brittany Maynard ha iniciado la discusión sobre el derecho que tenemos o no a escoger una muerte digna en caso de padecer una enfermedad terminal.


Las discusiones en los foros públicos suelen ser bastante fuertes, puesto que la mayoría de los que se oponen lo hacen por sus creencias religiosas y en la mayoría de las ocasiones utilizan la amenaza del “infierno y el castigo del alma eterno” para excusar su posición.  Incluso algunos han acusado al mismo Diablo de haber influenciado la decisiòn que tomó.






Otros, acusan a Brittany y a cualquiera que tome esta decisión de cobarde, por huirle al dolor y por no enfrentar con valentía su enfermedad.  De no haberse dado una oportunidad de vivir más.

Me pregunto,  si la mayoría de los que recriminan esta decisión han visto a un familiar o a alguien cercano morir deteriorado y lentamente por el cancer?  No es lo mismo hablar por hablar, que haberlo vivido en carne propia y de cerca.

Yo perdí a mi prima a raíz del cancer, fue una muerte dolorosa para ella así como para todos nosotros.  Mi prima Gladys, una mujer joven de apenas 42 años, media un poco más de 6 pies de altura, era jovial, super amorosa, trabajadora, madre, abuela, esposa, hija, hermana y super prima!  Nuestra familia la adoraba, era la mayor de todas las nietas de mis abuelos por parte de madre, era la sobrina y ahijada predilecta de mi madre. 

Nos criamos juntas y partimos caminos diferentes por largos años no nos habíamos visto, yo siempre me comunicaba con ella por teléfono y nos manteníamos al tanto de nuestras vidas.  Un buen día me dan la noticia de que le habían diagnosticado un cancer bien agresivo en el area abdominal.

Recuerdo hablar con ella por teléfono y me pregunto cuando iba a viajar a New York para verla y llevarle a mi hijo para verlo.  En aquel momento todavía yo vivía en Puerto Rico.  Le dije que prometía ir a verla pronto y esperaba que se mejorara de su salud.  Ella seguía con su buen animo y su tierna voz que la caracterizaba.

Semanas después de esa llamada recibí otra que cambiaría mi vida para siempre, era su esposo para decirme que Gladys había deteriorado rápidamente y que probablemente solo le quedaban algunos días de vida.

Recordé inmediatamente mi promesa que le hice de ir a verla, me desespere puesto que tenia que irme inmediatamente y necesitaba encontrar un pasaje.  Llame a las aerolíneas pero los precios estaban demasiado caros, por ser un pasaje de ultimo momento. Recuerdo estar llorando desesperadamente en mi oficina cuando mi jefa se me acerca y me pregunta que me sucede.  Le cuento y me dijo “Meryland, vete y haz lo que tengas que hacer”.

Una amiga, que trabaja en una linea aérea me ofreció un pasaje de empleados y pude comprarlo a precio especial.  Empaque mis pequeña maleta rápidamente y salí lo antes posible.   Recuerdo llegar a New York perdida, pues no conocía la ciudad y tampoco había viajado antes sola para allá.

Necesitaba llegar al hospital donde se encontraba mi prima, quien ya la habían ubicado en el area de Hospicio para los pacientes en etapa terminal.

Jamas me prepare para lo que me encontraría allí.  Cuando entre a la habitación, note que estaba bastante llena.  Muchas personas que la conocían, nuestra familia y amigos se encontraban allí.  Cuando me acerque a la cama para verla, mi impresión fue grande y dolorosa.

Aquella mujer que vi por ultima vez el día que nos tomamos la foto que comparto en este post, grande, robusta, alta y llena de vida; no era mas que un recuerdo.  Mi prima ya no era la misma, se había consumido por un cancer que la agarro de sorpresa y se la llevo demasiado rápido.

Era una mujer independiente, que siempre había hecho todo por si misma, su esposo y sus hijos, ahora se encontraba totalmente dependiente de que otros lo hicieran todo por ella. 

Había perdido gran cantidad de peso, sus manos se veían secas y encogidas.  A sus 42 años parecía una anciana de 90.  Mi prima ya no hablaba, ya no veía.  Sus ojos estaban perdidos en la agonía,  su cuerpo convulsionaba de dolor constantemente y solo se escuchaban quejidos saliendo de su boca, quizás pidiendo que alguien se apiadara de su dolor y lo terminara.


“Para las personas que argumentan en contra de esta opción para las personas enfermas realmente me parece maligno”, ” Ellos tratan de mezclarlo con el suicidio y eso es muy injusto, porque no hay una sola parte de mí que quiere morir. Pero me estoy muriendo.” 

Le estaban administrando grandes cantidades de morfina para apaciguar el dolor, pero no parecía que estuviera haciendo ningún efecto.   Me acerque a su cara y la bese.  Le dije al oído “Gladys, yo te prometí que te vendría a ver y estoy aquí prima, estoy aquí”.  Tome su mano y la apreté!  Esperando una respuesta.

Estuvimos horas a su lado, conversando entre nosotros y pendientes a sus gemidos.  Hasta que de repente, nos dimos cuenta que ya no se quejaba mas.  Su cuerpo había dejado de convulsionar y su boca ya no gemía.  Lentamente nos acercamos a ella y nos percatamos que ya su cuerpo finalmente descansaba en paz.

Lloramos, si.  Pero sentimos la paz de saber que ya su agonía había terminado.  Que ya su cuerpo no sentiría mas dolor.  Murió, rodeada de toda la gente que la amaba y la quería.  Se fue y se llevo todo ese amor.

Quizás si hubiera tenido la potestad de decidir morir de otra manera, estoy segura que hubiera optado por evitarse esa tortura que nos la arrebato tan dolorosamente.  Ya han pasado varios años de su partida y aun la lloro, especialmente cuando algo me hace traerla a mi mente, como en estos momentos en los que escribo y revivo esa experiencia.

En estos días, mientras yo iba de camino a mi trabajo,  leía relatos de familiares que han cuidado y perdido a un ser querido por el glioblastoma, el cáncer del cerebro que padecía Brittany.  

Sus relatos,  en especial los de los últimos días de vida de ese ser amado (un esposo y una hija pre-adolescente) me han conmovido grandemente.

A mi que nadie me diga que ese sufrimiento es digno, ni que dios tiene un propósito en el.  Es absurdo que un ser humano se tenga que destruir en vida de esa manera y su familia sufra ese horrible proceso sin que puedan evitarlo.

Admiro la valentía de Brittany y su familia.  Porque ella no terminó con su vida por cobardía como muchos dicen,  ella decidió morir con dignidad y en sus propios términos y para eso hay que ser bien valiente!

Mas información sobre la organización de Brittany Maynard y su lucha para la muerte con dignidad 


Morir es inevitable, pero sufrir una muerte lenta y angustiosa debe ser opcional – Meryland 

RECUERDO DE NUESTRO ENCUENTRO Y TU SONRISA QUE NUNCA SE APAGARA EN NUESTRO CORAZON.  (De izquierda a derecha, mi hermana Damaris, mi prima Gladys y yo) 

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ACERCA DE LA AUTORA:

Meryland Cuevas Meryland Cuevas es bloguera, madre, poeta, narradora, aficionada de las redes sociales y comprometida con el activismo por la justicia social y la igualdad de los seres humanos. Amante del arte en todas sus expresiones, le encanta viajar, la fotografía y la gastronomía. Posee un bachillerato en Ciencias de Administración de Empresas así como estudios Graduados en Administración y Salud Pública. Sígueme en FACEBOOK y en TWITTER
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